
Allá por el taitanto, nació
Negrita, en una humilde casa de madera frente al Maldonado, casa como otras tantas casas de esa entonces despoblada Ciudadela. Fue muy bien recibida por sus hermanitos, una nena y un varón. Ella lo percibía porque iba creciendo con buen apetito alegre y juguetona...
Su madre comenzó a trabajar a los pocos meses de haber nacido ella, colaborando así para el progreso de la familia, quedando negrita al cuidado de sus hermanos. Con su llegada, sus padres trajeron música a la casa.
¡¡¡¡Compraron “la radio”!!! … Era una radio grandota con la cual la familia se entretenía escuchando música y oyendo los radioteatros de ese entonces. Oía a sus padres nombrar mucho Chispazos de Tradición que ojalá a mas de uno les traiga recuerdos. Sus padres eran italianos pero gustaban mucho de la música criolla, y más de una vez se le oía canturrear a Don Antonino algunos tangos. La radio era un aparato de casi un metro de altura, con un mueble lustrado y hermoso, que era la curiosidad de las visitas.
Los mediodías, la casa de Negrita se alegraba con las audiciones Iberoamericanas, de ahí que le gustase a ella la música hispana, y en especial la flamenca. Vivieron en esa casa poco más de dos años. En el transcurso de ese tiempo la zona del Maldonado sufrió otra inundación.
Sus padres, alertados por una anterior, compraron un lote del otro lado del arroyo, pasando “la Gaona”, cerca del chalé de Rosas perteneciente a los Solari.
Ahí construyeron la nueva casa; ésta era de material... A los quince días de la mudanza, la familia se agranda y se alegra nuevamente con la llegada de una nueva niña, la hermana menor de Negrita. Era una casa con galería y un patio de floreadas baldosas. Negrita recuerda el silbato de la Tewuar, una gran fábrica textil que daba la hora a las seis de la mañana, luego a las once y por la tarde a las cinco, hora de tomar la leche…
Tiene muchos recuerdos Negrita, sus recuerdos tienen ruidos, sabores y olores; olor del pan tostado por las mañanas; el color dorado de la manteca que se derretía con el calorcito de las brazas al mezclarse con el azúcar que era espolvoreada sobre ella.
Negrita,glotona, quedaba extasiada ante esa ceremonia, ávida de degustar esa delicia.
Recuerda a un personaje que muchos de Ciudadela recordarán aún: “Juan de la vaca”, así le decían. Juan, por las mañanas se anunciaba con el sonar de los cencerros de sus animales; vacas de blancas ubres de las cuales saldría la leche tibia y espumante,que las vecinassalían a comprar, con sus hervidores en mano, leche que dejada al sereno de la noche, ofrecía por la mañana una capa de sustanciosa mantequilla.
A la rueda rueda A la rueda, rueda
de pan y manteca, rueda del camión,
Recuerdo de niña Para que los niños,
glotona y traviesa canten con amor.
Ahora Negrita se encierra en el cofre de los recuerdos, con sus olores, olores del tiempo, dejando en libertad a la mujer de hoy para volver en otro momento y seguir recordando…
Anird Nájela, 22/04/93.






